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Dilemas de la crisis

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29/07/2017 

Miguel Méndez Rodulfo: Los dilemas de la crisis


Jul 28, 2017 12:53 pm

Publicado en: Opinión

Venezuela enfrenta, si se quiere, su hora más terrible en estos nefastos 18 años de infame gobierno. El país está en una encrucijada, los presagios no apuntan nada bueno, pero forzosamente hemos de llegar a una definitoria. Muchos analistas políticos consideran que la polarización es extrema; sin embargo, tengo mis reservas al respecto. Creo que la polarización opera cuando hay dos bandos más o menos igualados y ninguno puede reducir al otro. En el retrato de hoy, 85% de los venezolanos adversan férreamente al gobierno chavista;  esa mayoría aplastante, la razón que la asiste, el apoyo de la comunidad internacional y su deseo de luchar cívicamente por un cambio, puede y debe inclinar la balanza a su favor. No obstante esto no será nada fácil. Otro argumento esgrimido por los analistas es que cada parte quiere aplastar a la otra y eso inevitablemente tiene el potencial de desestabilizar al país. Tampoco estoy muy de acuerdo con esto, porque la oposición tiene muy claro que la gobernabilidad se basa en la inclusión, la libertad, el respeto y el reconocimiento de las minorías. De manera que de haber un nuevo gobierno democrático, la oposición chavista tendrá su espacio político y no será perseguida ni obstaculizado su accionar político. Lo que es claro es que esto no es así para el régimen, que si quiere borrar a la oposición y negarle todos sus derechos políticos.


El gobierno llama al diálogo para que éste le proporcione piso político a la constituyente; la oposición se niega naturalmente a justificar ese exabrupto jurídico, con lo que el régimen amenaza con obligar a la MUD a sentarse cuando la ANC se haya aprobado. Zapatero también llama al diálogo, pero los convidados de Vladimir a la 1, claman por una negociación y aducen, cosa que es cierto, que los conflictos se inician en los reductos de las partes, pero siempre terminan en la mesa de negociación. El tema es que el diálogo, mucho menos la negociación, es extremadamente difícil de justificar con un gobierno que quebranta la Constitución y las leyes y le da una patada a la mesa cuando quiere. ¿Cómo se dialoga así? Además, por la propia culpa del gobierno, el control político de la oposición se ha ido diluyendo de la MUD, con lo cual se instala en el país el germen del caos, de la multiplicidad de actores en el conflicto, algo que socava el diálogo.


Lo que los amigos de Villegas nos dicen es que si no hay negociación, habrá guerra civil, porque el régimen aunque escuálido (nunca mejor usado el término), tiene el poder de las armas. De manera que nos conviene negociar. Así debemos conformarnos con unos cuantos magistrados en el TSJ, algunos rectores en el CNE, el respeto a la Asamblea Nacional y a la Fiscalía General. A cambio, tendríamos que dejar que se cumpla el período constitucional: o sea, Maduro entrega en 2019. Esta solución negociada, dicen, toma a la Constitución como guía. Lo que olvidan es que la Carta Magna establece también el revocatorio, algo que el gobierno obvió groseramente, y no estipula que una constituyente se convoque en esos términos. La manipulación del régimen al TSJ para promover una constituyente espuria e inmoral, habla a las claras del irrespeto por los preceptos constitucionales. ¿Luego entonces, cuál Constitución va a ser la guía?


El “arreglo anterior” no explica que pasa si se aprueba la constituyente y el gobierno arrasa con todo. Las protestas multitudinarias contra la permanencia del régimen en el poder, no comenzaron en abril por la constituyente, se iniciaron porque ya es imposible vivir con la escasez cada día mayor de alimentos, una inflación galopante que es la más alta del mundo y una ausencia casi total de medicinas, algo que parece que los analistas no consideran cuando proponen que dejemos a Maduro terminar su mandato. La constituyente en sí misma es una trampa, para todos incluido el gobierno. Si la hacen e intentan aplicarla, la ira popular incontrolada incendiará el país. Si no se hace (que aún es una posibilidad), porque el gobierno se la piense bien, haya asimilado la presión internacional y se convenza que Trump puede suprimir las compras de petróleo venezolano, o bien porque la MUD negocie su cancelación a cambio de las condiciones anteriormente expuestas, el gobierno verá mermado su apoyo en los dos casos y la oposición sufrirá credibilidad en el segundo. Los días que vienen son muy difíciles. Los militares jugarán un rol fundamental. Ni la mayoría está comprada con un cargo público, o una prebenda del Arco Minero, y todos saben que el Estatuto de Roma los perseguirá en caso de delitos de lesa humanidad. Esto último y la decisión de EEUU de evitar que Venezuela se convierta en otra Siria, es lo que impediría una guerra civil. En tanto el pueblo no ceja en su empeño de salir de esta calamidad de gobierno.


Miguel Méndez Rodulfo


Caracas 28 de julio de 2017

Venezuela por Arantzazu

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http://m.noticiasdenavarra.com/2017/05/18/opinion/tribunas/venezuela

Venezuela

Por Arantzazu Ametzaga Iribarren - Jueves, 18 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

Llevo tiempo llorando sobre los recuerdos de mi juventud venturosa a ritmo de arpa, maraca y tambor en la década de los 60, cuando en Venezuela, ya derrocado el dictador militar, Pérez Jiménez, una sociedad vitalista se lanzó al compromiso de trajinar democracia y hacer realidad el lema de Simón Bolívar: Moral y luces son nuestras primeras necesidades.

En alas del impulso libertario, con esa generosidad de la humanidad americana que se sabe habitante de un mundo nuevo, diverso y variante, se abrieron bibliotecas y archivos, se instalaron escuelas en las barriadas, se impulsó la universidad, abriéndose cursos nocturnos para los trabajadores diurnos, promoviéndose no solo la alfabetización sino la literatura e historia nacionales, fomentándose artes como la música y la danza, de espléndida tradición, fundándose industrias y servicios. Se hizo tanto y en tan poco tiempo, que cansa enumerarlo.

Se trataba de que el petróleo que emanaba portentoso de los pozos de Maracaibo y Punto Fijo favoreciera a la sociedad en general, no a unos en particular. Pero se olvidó en ese tiempo de opulencia que padeció no obstante momentos de depresión y alzamientos guerrilleros, y repito la idea del intelectual Arturo Uslar Pietri, de sembrar el líquido apestoso que una vez sirvió a los caribes para embardunar sus cuerpos con fines curativos.

De ser el segundo país exportador de petróleo tras Estados Unidos, en los 40, Venezuela hoy mantiene un quinto lugar, pero posee grandes minas de oro y hierro, poderoso caudal en sus ríos, el Orinoco es padre de las aguas, para represas y reservas de energías renovables, un agro que se abandono pero resulta prometedor si se trabaja, una naturaleza hermosa desde sus costas caribeñas a los nevados Andes, que pudiera apuntarla entre los primeros en el listado turístico. Para los 70, vencido el paludismo que asolaba poblados llaneros enteros, y con el asentamiento de la emigración europea, repunto su escasa población.

Desde su guerra de independencia, Venezuela estuvo sometida al poder militar, tan poderoso en América con su repertorio de caudillos ilustrados, en diversas fases, más o menos violentas, con interludio de guerras civiles. Su verdadera historia democrática arrancó en 1957, con la vibrante actuación de sus partidos políticos y líderes cívicos, la loable conducta de estudiantes y obreros, de una Iglesia autónoma, de una sociedad que anhelaba bienestar, rebajando las tajantes y seculares diferencias sociales. Pero la exigencia fue descendiendo con el desastre de gobiernos inoperantes y, sobre todo, corruptos, facilitando la irrupción de un hombre mesiánico en la política venezolana, primero como golpista, más tarde, elegido en las urnas por un pueblo atribulado.

Chávez, militar sin preparación intelectual, en su andadura errática y populista proyectó un carisma que necesito robar a Bolívar, el líder de la Independencia, para terminar vendiendo Venezuela a una Cuba que necesitaba un respiro económico para culminar sus cuarenta años de revolución famélica, con sus exiliados, torturados, presos y hambrientos. Convirtió a Venezuela, otorgándole un registro revolucionario, en copia de semejante desastre humano. Tras casi veinte años de semejante desgobierno, la multitud, impaciente, se ha lanzado a la calle para reclamar comida. Como en tiempos de la Revolución Francesa, cuando el hambre del pueblo hizo estallar los desvaríos de la nobleza de Versalles.

“No vengas” me aconsejan los pocos amigos que me quedan en Venezuela, pues se han exiliado casi todos -un millar de personas ha abandonado el país-, entre ellos una generación de jóvenes universitarios. “Llorarás” por el declive la universidad donde estudiaste, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad y que se desmorona, por la peligrosidad de la urbanización donde viviste y el deterioro del parque donde jugaron tus hijos y en el que mangos y acacias y aun el araguaney, han muerto, por el gas lacrimógeno que enturbia el ambiente. “No vengas” porque es arriesgado caminar por las calles, reclamar libertad para los políticos encarcelados, y sobre todo, expresar tu opinión de las cosas. “No vengas” porque no te podrás alimentar.

Venezuela, tierra de comedores de arepas, que así los tildó el gipuzkoano Lope de Agirre del siglo XVII, el único que escribió al rey de las Españas una carta recriminatoria por su actuación colonial, mientras él hacia su propia guerra. El maíz, con que se hacen las arepas, es vocablo indígena que significa el que sustenta la vida, y cereal conque los dioses crearon al hombre americano primigenio. Tampoco hay azúcar ni cacao, en el siglo XVIII fueron sus grandes productos agrícolas con que se enriqueció y los enriqueció la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, ni leche para los niños, medicina para enfermos ni ancianos. El pueblo hace colas para comprar los escasos alimentos con cartilla de racionamiento y miedo a ser asaltado. No hay nada de nada sino la perpetuación de un régimen disfrazado de ideología progresista que prometió al pueblo lo que no podía cumplir, entre otras cosas, porque cada uno de ellos debe amasar su propia fortuna.

Lloro, impotente, por Venezuela. Por sus muertos. Por la marcha de hombres y mujeres reclamando reinstaurar libertad en sus instituciones, en lucha desarmada contra un ejército y una policía agresiva y hostil. Por cuanto ha perdido en estos veinte años de sistema desgraciado. Lloro por la Venezuela de Gracia que quiso y pudo ser y no lo es.

La autora es bibliotecaria y escritora

Cumaná Libre

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Es la única vía, última oportunidad, ultra opción, estamos cerca, Dios bendiga nuestra ciudad y al país entero y al planeta...

Cumaná Democrática!!

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Te esperamos mañana. Llegó la hora de salir a la calle. Los cumaneses libertarios, hijos de Sucre, no nos calamos dictaduras de ningún signo. A las 9 am en Villa Venezia nos encontramos.
#UnidadVenezuela #EleccionesYa #VenezuelaVirtuosa #CumanáVirtuosa

Méndez-Morgado-BarreraTyszka, Venezuela Virtuosa!

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Alberto Barrera Tyszka: Memoria del ñame
 Escuché en la radio una propaganda oficial promocionando el ñame. La muchacha tenía una voz agradable y hablaba con un entusiasmo casi musical. Como si nos estuviera invitando a una fiesta: vamos todos pa’ la rumba. No te la puedes perder. Vamos a pasarla bomba. Va a haber yuca, ocumo y mapuey.

De inmediato, la memoria —siempre flexible y errática— me dejó en alguna noche de mi infancia. A veces, a la hora de la cena, mi madre ponía sobre la mesa ñame y queso. Eso era lo que tocaba. Uno o dos pedazos del tubérculo hervido y una rodaja de queso blanco salado. A mi me encantaba. Y, desde entonces, se me activa el recuerdo debajo de la lengua cuando pienso en esa combinación. El ñame con queso forma parte de los sabores de mi nostalgia. Pero no es un ideal gastronómico. Si mi madre hubiera podido, de seguro nos habría servido un bisteck con arroz o un rueda de carite sierra con ensalada. Hacer de la pobreza una utopía me parece indignante.

El gobierno se empeña en no reconocer el hambre. La ve pero no la acepta. Prefiere el espejismo que la realidad porque la realidad delata su ineficacia, su negligencia, su corrupción. Por eso, entonces, el oficialismo se dedica infamemente a convertir la miseria en una virtud. Desde el año pasado, lanzaron la campaña “Agarra dato, come sano, come venezolano”. El proyecto promueve el consumo de verduras y de vegetales producidos en el país, para tratar de paliar la imposibilidad de la mayoría de la población para acceder a productos como la carne, el pollo, el pescado, el arroz, las pastas, la harina… Pero el tiempo ha demostrado que tampoco la ahuyama, la batata, la yuca o el ñame son tan baratos. Un presupuesto familiar tampoco puede acceder fácilmente a los —ahora— tan bolivarianos tubérculos. Tal vez por eso mismo la muchacha de la radio también hablaba de sembrar y de cultivar en cada casa sus propias cosechas. Todo sabemos que eso es imposible. El futuro de la revolución está en la calle: el hombre nuevo debe comer basura.

Quizás llegue el día en que, en una cadena nacional, el Presidente diga que comer perrarina no es tan malo. Que se ha descubierto que las conchas del cambur son muy saludables. Que el cartón mojado con un poco de sal es alimenticio y le hace bien al corazón. Y saldrán, nuevamente, Delcy Rodríguez y Jorge Valero a repetir por el planeta que en Venezuela no hay hambre, que somos felices y no tenemos ninguna necesidad, que aquí —literalmente— comemos de todo.

La noticia de un bebé de 3 meses, fallecido esta semana en Ocumare del Tuy a causa de desnutrición, debería haber paralizado al país. Pero solo es un caso más, otra noticia repetida. Nada demasiado nuevo. Nada demasiado sorprendente. Es aterrador constatar que la tragedia se nos ha convertido en una rutina. Al negarla, el gobierno banaliza la realidad. Le quita peso, valor, dignidad. La despoja de su posibilidad de escándalo. El oficialismo ahora vive para ocultar el sufrimiento del pueblo.

“No hagas colas innecesarias”, dijo la muchacha de la propaganda en la radio. Esa es la voz del poder. No solo desconoce tu realidad, tu angustia; encima descalifica tu desesperación, tus intentos por enfrentar esa realidad, por salir de esa angustia. Para el gobierno, las colas son un caprichito, una mala crianza de aquellos necios que todavía no han entendido que ser pobre es bueno, que no hay nada como el ñame, que tener hambre nos hace mejores venezolanos.

Esta semana, sin embargo, hubo una manifestación diferente. Es un hecho que puede ser muy subversivo dentro del panorama simbólico del país. Fue una protesta por comida, según señala la noticia. Pero fue, además, frente a la casa de un gobernador. La gente trató de acercarse a la fachada donde reside el General retirado García Carneiro y comenzó a reclamar. El destino del hambre no tiene control. La gente sabe dónde viven los poderosos. El gobierno podrá negar la realidad, hasta que la realidad toque las puertas de sus casas. ¿Qué hay en la despensa del Gobernador? ¿Qué comen los ministros? ¿Qué hay en la nevera de Miraflores? ¿Una bolsita clap?

 

Por: Fernando Luis Morgado Graterol

Coordinador General A.C. Sucre Posible

Los miles de millones de dólares gastados en comprar productos importados, para distribuirlos a través de los claps, hubiesen alcanzado para la reactivación de la producción interna. Pero el régimen prefiere seguir con su política de destrucción de todo lo nacional, mientras beneficia a los productores y empresarios de otros países. Impone de esta manera, un castigo a la población venezolana, al no permitir que ninguna empresa privada pueda importar maíz, trigo, medicinas, o cualquier otro alimento de primera necesidad. El resultado está a la vista de todos. Grandes colas, escasez, altos precios, desnutrición y muerte. Esto sin hablar de la inmensa corrupción que se forma en todo el proceso, desde el otorgamiento de dólares a 10 bolívares, a testaferros del régimen, hasta la distribución de las bolsas.

Está demostrado que el régimen no quiere atacar las causas del problema, y al contrario se enfoca en las consecuencias. O sea, insiste en seguir controlando todo lo relacionado con la economía, aun  sabiendo  que los resultados seguirán siendo los mismos. 

Lo más reciente es el caso de las panaderías, a las cuales acusa de guerra económica y amenaza con expropiar para garantizar el pan a la gente. Si esto ocurriera, ya sabemos cuál será el resultado: Empresas destruidas, desempleo y más escasez de comida. El socialismo no garantiza ni una hogaza de pan. 

Así es el socialismo y el populismo, destruye y lleva a los pueblos al fracaso y a la miseria.

Este mecanismo perverso tiene que acabarse, y para que esto ocurra debemos cambiar a los que actualmente nos gobiernan. Tiene razón María Corina Machado, cuando asevera que lo prioritario es cambiar al régimen; pensar en la viabilidad de este desastre hasta finales del 2018, es masoquismo. Un país con más de 25.000 asesinatos anuales, con el 80% de su aparato productivo paralizado, con la inflación más alta del mundo, y con decenas de miles de emigrantes cada año, NO ES VIABLE. Estar pensando solamente en parcelas, ante unas hipotéticas elecciones regionales y abandonar la idea de insistir en revocar a Maduro, es un absurdo imperdonable. De hecho, analistas internacionales no entienden como los demócratas venezolanos cometimos el error de no insistir en ambas estrategias, privilegiando el cambio de presidente.

Pensar que ganar unas gobernaciones sin cambiar al presidente de la república, resolvería la crisis es una ingenuidad. El problema es el sistema de gobierno; el modelo empobrecedor del comunismo del siglo 21. La solución a la crisis solo será posible con un gobierno moderno que crea en la economía de mercado. Un gobierno demócrata, que no sea populista. Un gobierno con independencia de poderes públicos, que respete la propiedad y promueva la inversión y el emprendimiento.

Las organizaciones políticas que hoy se oponen al régimen, y que mañana serán gobierno, tienen la responsabilidad histórica de apartarse de la tentación populista, aplicando y explicando la necesidad de tomar medidas que ayuden a superar la escasez, inflación, desempleo, inseguridad, desinversión y emigración de compatriotas.

Expertos calculan que con inversión cercana a 60.000 millones de dólares, Venezuela podría iniciar su despegue económico, pero no solo se trata de lograr el préstamo internacional, paralelo a esto debe haber disciplina fiscal y contraloría que garantice el uso transparente de dichos recursos.

Una nueva generación de políticos tendrá el reto de ejercer una política distinta, ya vemos a algunos de ellos en la A.N, y en las distintas regiones, tratando de hacer las cosas bien. Generación relacionada con instituciones como CEDICE, IESA, Ifedec, Instituto Parlamentario Fermín Toro, A.C. Sucre Posible, entre otras.   Esa nueva generación, tendrá que hablarle a la gente con la verdad, por más dura que esta sea. Tenemos que dejar atrás la mala praxis de decir lo que a la gente le gusta oír. Hay que hablarles claro, explicándoles el que y el cómo hacer para salir de la crisis… 

 

Miguel Méndez Rodulfo

Problemática educativa en Latinoamérica

Las pruebas Pisa y las pruebas Timss (la otra gran evaluación internacional de educación), así como las pruebas Serce y Terce de la Unesco, además de las pruebas Simce, todas ellas evaluaciones que miden la capacidad de los alumnos para resolver problemas, revelan que la desigualdad de origen es el gran desafío para la educación en América Latina, ya que si los alumnos provienen de familias con recursos tendrán acceso a una buena educación; pero si no, recibirán una enseñanza de poca calidad. En Latinoamérica hay dificultades para estimular el deseo en los estudiantes a participar, a entusiasmarse con lo que aprenden. Los estudiantes de la región no resuelven problemas de la vida real y muchos jóvenes no aprecian que lo que aprenden vaya a ayudarlos en la vida. La población estudiantil joven de América Latina, en  comparación a los de otros continentes, resuelve mal los problemas prácticos y cotidianos. En el subcontinente los libros de texto son más voluminosos que en los países desarrollados; también, es común en nuestra región que si los estudiantes no aprendieron un tema en un determinado grado, esa carencia sigue afectando a los alumnos en los siguientes niveles, porque esa falla no se subsana; además, es un hecho que el acceso a la educación preescolar en América Latina debe mejorarse sustancialmente.

En el subcontinente hay más pobreza, desigualdad y desintegración familiar que en los países del norte; además, se invierte menos en educación, en la atención de los alumnos y en la formación docente. Hay más violencia en los hogares y los padres tienen menor nivel educacional. Mayor cantidad de niños viven en condiciones desfavorables, que infantes de naciones desarrolladas. La infraestructura y el equipamiento de los colegios suelen ser precarios; el uso de tecnologías digitales es limitado o inexistente; el tiempo dedicado al aprendizaje escaso; la disciplina excesivamente autoritaria o ausente, y las políticas educativas de los gobiernos son inestables, mal diseñadas y su implementación y efectos poco evaluados

No obstante este diagnóstico, modelar sobre prácticas exitosas de otros países, siempre mejorará las cosas. Es un hecho que los sistemas con mejor desempeño se enfocan en tres cosas: demandan rigor, es decir, el nivel de exigencia a los alumnos es muy alto; se enfocan en aprender pocas cosas, pero muy bien, y promueven la coherencia, o progresión en el aprendizaje, esto significa que primero se aprende algo muy bien, luego se comprende, y por último se progresa al siguiente paso. En naciones con buenos sistemas educativos, hay una apertura hacia la experimentación creativa, como por ejemplo: si una escuela es mejor puede recibir más dinero, pero debe usar esos montos para ayudar a otra escuela con malos resultados; hay países que tienen como política enviar profesores buenos a colegios en desventaja; en otros Estados un subdirector de un colegio muy bueno que quiere convertirse en director, tiene primero que probar la capacidad dando un giro de 180 grados a un colegio con problemas. Una estrategia infalible en el ámbito educativo es realzar socialmente la profesión de maestro; que sea mucho más atractiva intelectualmente, lo que significa ofrecer más oportunidades para que los profesores colaboren, e invertir más en la profesionalización, enviando cada maestro a 100 horas de actividades o cursos de desarrollo profesional por año. Sin embargo, el mejor entrenamiento para los maestros tiene lugar en los propios colegios, observando buenas prácticas y aprendiendo de los mejores maestros. Es posible mejorar los resultados del aprendizaje, pero para ello se requiere un esfuerzo concertado de la Nación: del gobierno y los colegios, de las familias y autoridades locales, de los empresarios y universidades, de la sociedad civil y de organizaciones no gubernamentales y, prioritariamente, de los docentes y sus alumnos. Se requieren políticas de largo plazo, estables, coherentes y dotadas de suficientes recursos.

Miguel Méndez Rodulfo

Caracas 17 de marzo de 2017

Educación y América Latina

Desde hace muchas décadas América Latina gasta en educación cantidades importantes de sus ingresos públicos, sin que eso se compadezca con acceder a la categoría que han alcanzado los países desarrollados. De acuerdo al Banco Mundial, en tanto que en los años sesenta del siglo XX, la agricultura  y la extracción de materias primas representaba 30% del PIB mundial, hoy en día la agricultura equivale al 3%, la industria al 27% y los servicios al 70%, de manera que estamos en presencia de la economía del conocimiento. No obstante esto, muchos países de América Latina siguen teniendo su base económica en la agricultura o en la monoproducción de materias primas. Argentina y Paraguay con la soya son un claro ejemplo de lo primero y Venezuela y Ecuador con los hidrocarburos, son representativos de los segundo. En la actualidad, la economía global del conocimiento es la vía que está permitiendo que las naciones se desarrollen y disminuyan sustancialmente la pobreza; ya no se trata de explotar recursos naturales para crecer económicamente, sino de disponer de una educación de alta calidad, un sistema científico consolidado y una actitud innovadora de su ecosistema de emprendimiento. La clave está en producir mentes brillantes y, cada vez más, exportar productos con mayor nivel agregado. Para lograr lo anterior hace falta un entorno que fomente la innovación, lo que significa menos trababas para crear una empresa, un clima favorable de negocios, al igual que la existencia de un mercado de capitales que asuma riesgos, así como una actitud social de tolerancia frente a la diversidad y sobre todo al fracaso.

Mientras que EEUU anualmente se registran más de 140.000 patentes, en América Latina esta cifra llega a 1.200. Según revistas especializadas en el tema, no hay ninguna ciudad latinoamericana entre las 100 urbes productoras de conocimiento científico del mundo, como tampoco ninguna universidad de la región se ubica entre las 100 mejores del planeta, de acuerdo con varios rankings que miden esto. La realidad es que en Latinoamérica sus graduados universitarios egresan mayormente de escuelas como humanidades, derecho, psicología, sociología, filosofía, etc., en vez de producir más tecnólogos, ingenieros y científicos. Nuestras universidades en el sub continente invierten poco en investigación y desarrollo y además están divorciadas del sector productivo. Aun cuando sean universidades privadas, éstas no establecen lazos de cooperación con el sector empresarial de sus países para resolver creativamente problemas de producción, de procesos administrativos, de logística o de comercialización. Tampoco las universidades públicas hacen lo propio con el Estado. Es significativo el caso del coque producido en los mejoradores de la Faja del Orinoco, un subproducto resultante de la conversión del crudo pesado en crudo liviano sintético, aspecto que la USB estuvo investigando su uso así como aprovechamiento, correspondiéndole a la insigne profesora Mónica krauter registrar la segunda patente de esa universidad; en efecto esta notable investigadora, siendo aún estudiante logró separar del coque el azufre y los metales pesados, produciendo la mejor opción de coque listo para ser calcinado y convertirlo en coque grado ánodo. Hay que acotar que Venezuela vende coque crudo a US$ 70 la tonelada, en tanto que importa a US$ 600 la tonelada de coque calcinado. Cuando se exporta coque crudo, éste va junto con el azufre y los metales pesados, debido a que la Pdvsa chavista nunca tomó en cuenta la patente de la profesora Krauter. Así el país pierde conocimientos, pierde dinero y pierde el tren del progreso.

Los países compradores del coque crudo venezolano le extraen el azufre y los metales pesados, agregando valor a sus procesos y ganando más dinero para sus arcas. Por otra parte, el grafeno (“el material de Dios”, llamado a sustituir al plástico, al cobre y al silicio en el desarrollo inmediato de la civilización) obtenido a partir del coque, es hoy una realidad y abre inmensas posibilidades a la nueva gobernabilidad del país.

Miguel Méndez Rodulfo

Caracas 10 de marzo de 2017