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Venezuela por Arantzazu

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http://m.noticiasdenavarra.com/2017/05/18/opinion/tribunas/venezuela

Venezuela

Por Arantzazu Ametzaga Iribarren - Jueves, 18 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

Llevo tiempo llorando sobre los recuerdos de mi juventud venturosa a ritmo de arpa, maraca y tambor en la década de los 60, cuando en Venezuela, ya derrocado el dictador militar, Pérez Jiménez, una sociedad vitalista se lanzó al compromiso de trajinar democracia y hacer realidad el lema de Simón Bolívar: Moral y luces son nuestras primeras necesidades.

En alas del impulso libertario, con esa generosidad de la humanidad americana que se sabe habitante de un mundo nuevo, diverso y variante, se abrieron bibliotecas y archivos, se instalaron escuelas en las barriadas, se impulsó la universidad, abriéndose cursos nocturnos para los trabajadores diurnos, promoviéndose no solo la alfabetización sino la literatura e historia nacionales, fomentándose artes como la música y la danza, de espléndida tradición, fundándose industrias y servicios. Se hizo tanto y en tan poco tiempo, que cansa enumerarlo.

Se trataba de que el petróleo que emanaba portentoso de los pozos de Maracaibo y Punto Fijo favoreciera a la sociedad en general, no a unos en particular. Pero se olvidó en ese tiempo de opulencia que padeció no obstante momentos de depresión y alzamientos guerrilleros, y repito la idea del intelectual Arturo Uslar Pietri, de sembrar el líquido apestoso que una vez sirvió a los caribes para embardunar sus cuerpos con fines curativos.

De ser el segundo país exportador de petróleo tras Estados Unidos, en los 40, Venezuela hoy mantiene un quinto lugar, pero posee grandes minas de oro y hierro, poderoso caudal en sus ríos, el Orinoco es padre de las aguas, para represas y reservas de energías renovables, un agro que se abandono pero resulta prometedor si se trabaja, una naturaleza hermosa desde sus costas caribeñas a los nevados Andes, que pudiera apuntarla entre los primeros en el listado turístico. Para los 70, vencido el paludismo que asolaba poblados llaneros enteros, y con el asentamiento de la emigración europea, repunto su escasa población.

Desde su guerra de independencia, Venezuela estuvo sometida al poder militar, tan poderoso en América con su repertorio de caudillos ilustrados, en diversas fases, más o menos violentas, con interludio de guerras civiles. Su verdadera historia democrática arrancó en 1957, con la vibrante actuación de sus partidos políticos y líderes cívicos, la loable conducta de estudiantes y obreros, de una Iglesia autónoma, de una sociedad que anhelaba bienestar, rebajando las tajantes y seculares diferencias sociales. Pero la exigencia fue descendiendo con el desastre de gobiernos inoperantes y, sobre todo, corruptos, facilitando la irrupción de un hombre mesiánico en la política venezolana, primero como golpista, más tarde, elegido en las urnas por un pueblo atribulado.

Chávez, militar sin preparación intelectual, en su andadura errática y populista proyectó un carisma que necesito robar a Bolívar, el líder de la Independencia, para terminar vendiendo Venezuela a una Cuba que necesitaba un respiro económico para culminar sus cuarenta años de revolución famélica, con sus exiliados, torturados, presos y hambrientos. Convirtió a Venezuela, otorgándole un registro revolucionario, en copia de semejante desastre humano. Tras casi veinte años de semejante desgobierno, la multitud, impaciente, se ha lanzado a la calle para reclamar comida. Como en tiempos de la Revolución Francesa, cuando el hambre del pueblo hizo estallar los desvaríos de la nobleza de Versalles.

“No vengas” me aconsejan los pocos amigos que me quedan en Venezuela, pues se han exiliado casi todos -un millar de personas ha abandonado el país-, entre ellos una generación de jóvenes universitarios. “Llorarás” por el declive la universidad donde estudiaste, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad y que se desmorona, por la peligrosidad de la urbanización donde viviste y el deterioro del parque donde jugaron tus hijos y en el que mangos y acacias y aun el araguaney, han muerto, por el gas lacrimógeno que enturbia el ambiente. “No vengas” porque es arriesgado caminar por las calles, reclamar libertad para los políticos encarcelados, y sobre todo, expresar tu opinión de las cosas. “No vengas” porque no te podrás alimentar.

Venezuela, tierra de comedores de arepas, que así los tildó el gipuzkoano Lope de Agirre del siglo XVII, el único que escribió al rey de las Españas una carta recriminatoria por su actuación colonial, mientras él hacia su propia guerra. El maíz, con que se hacen las arepas, es vocablo indígena que significa el que sustenta la vida, y cereal conque los dioses crearon al hombre americano primigenio. Tampoco hay azúcar ni cacao, en el siglo XVIII fueron sus grandes productos agrícolas con que se enriqueció y los enriqueció la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, ni leche para los niños, medicina para enfermos ni ancianos. El pueblo hace colas para comprar los escasos alimentos con cartilla de racionamiento y miedo a ser asaltado. No hay nada de nada sino la perpetuación de un régimen disfrazado de ideología progresista que prometió al pueblo lo que no podía cumplir, entre otras cosas, porque cada uno de ellos debe amasar su propia fortuna.

Lloro, impotente, por Venezuela. Por sus muertos. Por la marcha de hombres y mujeres reclamando reinstaurar libertad en sus instituciones, en lucha desarmada contra un ejército y una policía agresiva y hostil. Por cuanto ha perdido en estos veinte años de sistema desgraciado. Lloro por la Venezuela de Gracia que quiso y pudo ser y no lo es.

La autora es bibliotecaria y escritora

Cumaná Libre

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Es la única vía, última oportunidad, ultra opción, estamos cerca, Dios bendiga nuestra ciudad y al país entero y al planeta...

Navarra SOS, mueren hijos de Huarte y de Rada en Venezuela!

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Hijos de D'Huarte y Rada....

Navarra, escucha el clamor de Venezuela... Presidenta Barkos, Parlamento, únanse a pedir el cambio del gobierno ilegítimo...

(Video muy triste, cierto)

https://www.youtube.com/watch?v=fACUETwi2Qo

 

Los Hijos Infinitos

Andrés Eloy Blanco

 

Cuando se tiene un hijo,

se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,

se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga

y al del coche que empuja la institutriz inglesa

y al niño gringo que carga la criolla

y al niño blanco que carga la negra

y al niño indio que carga la india

y al niño negro que carga la tierra.

 

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños

que la calle se llena

y la plaza y el puente

y el mercado y la iglesia

y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle

y el coche lo atropella

y cuando se asoma al balcón

y cuando se arrima a la alberca;

y cuando un niño grita, no sabemos

si lo nuestro es el grito o es el niño,

y si le sangran y se queja,

por el momento no sabríamos

si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

 

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño

que acompaña a la ciega

y las Meninas y la misma enana

y el Príncipe de Francia y su Princesa

y el que tiene San Antonio en los brazos

y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,

todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro

y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos

se tienen todos los hijos de la tierra,

los millones de hijos con que las tierras lloran,

con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,

los que Paul Fort quería con las manos unidas

para que el mundo fuera la canción de una rueda,

los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,

quiere con Dios adentro y las tripas afuera,

los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima

entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,

porque basta para que salga toda la luz de un niño

una rendija china o una mirada japonesa.

 

Cuando se tienen dos hijos

se tiene todo el miedo del planeta,

todo el miedo a los hombres luminosos

que quieren asesinar la luz y arriar las velas

y ensangrentar las pelotas de goma

y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.

Cuando se tienen dos hijos

se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,

toda la angustia y toda la esperanza,

la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,

si el modo de llorar del universo

el modo de alumbrar de las estrellas.


Poema leido:
https://www.youtube.com/watch?v=6YCV2RtHMig